Puedes diseñar la campaña de relaciones públicas más brillante del año, pero si el portavoz institucional carece de empatía y carisma frente a las cámaras, el mensaje perderá toda su fuerza. Frente a las audiencias, un vocero distante, rígido o inseguro neutraliza el impacto del mejor plan comunicacional.

Las investigaciones lideradas por Carl Hovland en la Universidad de Yale demostraron que la persuasión de cualquier discurso está directamente condicionada por la percepción que se tiene de la fuente. Si el público percibe al emisor como alguien deshonesto o arrogante, el cerebro bloquea de forma automática la veracidad de la información que transmite.

Por este motivo, la oratoria gerencial y el entrenamiento riguroso de voceros constituyen herramientas críticas para la resiliencia corporativa. Es fundamental seleccionar representantes que proyecten cercanía, honestidad y un sólido dominio temático en cada una de sus apariciones públicas.

La credibilidad de una institución camina sobre las piernas y la voz de quien la representa. El verdadero empaque de un mensaje institucional reside en la confianza y autenticidad que proyecta su portavoz.

Pablo Rivas

Periodista – Relaciones Públicas – Comunicación Integral – Oratoria – Docente Universitario

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