La neurociencia moderna ha desmentido la capacidad humana de realizar tareas en paralelo. Según expertos como la investigadora Sophie Leroy, el cerebro no procesa simultáneamente, sino que conmuta de forma ineficiente, generando un «residuo de atención» que lastra la productividad y reduce temporalmente la capacidad intelectual a niveles comparables con la privación de sueño.



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