Desde la lomita, se rinde tributo a Johan Santana, el maestro de la ilusión, cuyo cambio de velocidad era un enigma indescifrable para los bateadores. El zurdo de Tovar se coronó como el lanzador más laureado en la historia venezolana.
Su carrera está marcada por la excelencia, cimentada en la conquista de dos Premios Cy Young, en 2004 y 2006. Ser elegido dos veces como el mejor lanzador de la liga es un logro que solo alcanzan los inmortales del montículo.
Pero su hazaña de 2006 va más allá: ese año, Johan Santana logró la Triple Corona de Pitcheo, liderando la Liga Americana en tres categorías vitales: 19 Victorias, 2.77 de Efectividad y 245 Ponches.
¡Triple Corona! Una gesta que habla de un dominio total, longevidad en el juego y un control absoluto de cada salida en el montículo. Su «peak» de rendimiento fue sencillamente imparable.
Su arma secreta era el «changeup,» una obra maestra. Los bateadores esperaban la recta de 95 millas, pero la bola se detenía en el aire, a 80 millas por hora, provocando swings desesperados y fuera de tiempo.
El «changeup» de Santana es, sin duda, reconocido como uno de los mejores que se hayan visto en la historia del deporte, un enigma técnico que lo hizo prácticamente imbatible.
El momento cumbre de su carrera, cargado de emoción, llegó el 1 de junio de 2012. Ese día, Johan Santana lanzó el primer no-hitter en los 50 años de historia de los New York Mets.
Johan Santana no solo lanzó, él inspiró. Demostró que el pitcheo venezolano podía ser de absoluta élite, elevando el estándar de la Vinotinto en la lomita. Su legado es de excelencia y la majestad de un brazo zurdo que dominó una era.


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