Desde Turmero, Bob «El Comedulce» Abreu aportó una elegancia y una inteligencia ofensiva al jardín izquierdo. Fue un beisbolista que combinó el poder de un slugger con la disciplina de un científico en el plato, redefiniendo el concepto de «jugador completo».
Su credencial más exclusiva lo coloca en un lugar de honor: es miembro del selecto club de jugadores con 300 jonrones y 400 bases robadas. Una hazaña de «power-speed» que lo ubica junto a figuras legendarias como Barry Bonds.
Si se quiere medir la calidad de un bateador con disciplina, se mide su Porcentaje de Embasado (OBP). Bob Abreu fue un maestro en la selección de lanzamientos, con un OBP vitalicio de .395, una marca de absoluta élite.
Recibió cien o más bases por bolas en ocho temporadas, demostrando una paciencia legendaria que siempre mantenía la presión constante sobre el pitcheo rival. Abreu era una amenaza silenciosa, pero constante.
A lo largo de sus 18 temporadas en la MLB, acumuló un impresionante total de 2,470 hits, más de 400 dobles y un total de 288 jonrones. Sus estadísticas son un testimonio de su durabilidad y constancia.
Su consistencia le valió el Bate de Plata en 2004 y el Guante de Oro en 2005, certificando su impacto en ambas facetas del juego. Abreu fue tan productivo con el madero como seguro en el jardín.
Su momento de showmanship llegó en el Festival de Jonrones del Juego de Estrellas de 2005, donde se coronó campeón con una exhibición memorable de fuerza. En la LVBP, es un ídolo de los Leones del Caracas.
El legado de Bob Abreu es la fórmula perfecta: inteligencia en el plato, velocidad en las bases y un bate productivo. Un fuerte candidato a la inmortalidad que merece ser reconocido por su dominio estadístico.


No responses yet