El campo de la cardiología pediátrica, que hace tan solo un par de décadas apenas se consideraba una especialización formal, se revela hoy como un pilar indispensable para salvaguardar la salud de la población más joven. El Dr. Fernando Prieto, cardiólogo pediatra, compartió con el canal Infoenlace el vital alcance de su especialidad, enfatizando que los problemas cardíacos no son exclusivos de los adultos y, de hecho, a menudo se originan en malformaciones presentes desde el nacimiento.

El Dr. Prieto destacó que la cardiología pediátrica es vital porque los niños sí padecen malformaciones congénitas en sus válvulas, paredes y arterias. Esta especialidad ha madurado en el país al punto de que ya se forman nuevos especialistas, en contraste con el pasado, cuando no se le daba el mismo reconocimiento.

La importancia de esta área abarca la evaluación y diagnóstico de una amplia gama de patologías. El cardiólogo pediatra interviene ante la detección de un soplo, un desmayo, una taquicardia o una arritmia, y también es consultado para dar aval cardiovascular a niños que deben usar ciertos medicamentos, como aquellos con Trastorno de Déficit de Atención (TDAH) o autismo [03:00].

Una de las capacidades más cruciales es la ecocardiografía fetal, que permite evaluar el corazón del bebé mientras aún está en el útero materno. Con esta técnica, los especialistas pueden hacer pronósticos y, en casos de urgencia extrema, planificar y realizar intervenciones quirúrgicas in utero, ofreciendo una ventaja crítica para la vida del recién nacido [02:39].

El especialista en el corazón infantil recordó casos alarmantes, como el de una paciente adulta que, a los 62 años, fue diagnosticada con una comunicación interauricular (un «hueco» en el tabique) que había pasado inadvertida. Este tipo de historias subraya el alto riesgo de no realizar una evaluación temprana, pues estos defectos congénitos pueden provocar complicaciones graves, como el agotamiento pulmonar, en etapas tardías de la vida [04:24].

Las consultas más comunes giran en torno a los soplos, los síncopes (desmayos), las taquicardias y el dolor de pecho [05:33]. El Dr. Prieto aclaró el mito popular sobre los soplos: no todos son «inocentes» o se cierran solos. Existen más de 100 tipos, y aquellos descubiertos en niños pequeños suelen ser indicativos de malformaciones cardíacas de alto riesgo.

Respecto al deporte, el cardiólogo lanzó una advertencia clara sobre la «Bandera Roja» más importante: «Niño con desmayo en ejercicio, cardiólogo urgente» [09:17]. Recalcó que la lucha de la especialidad es que todo atleta de alta competición debe pasar por una evaluación cardiovascular antes de iniciar su actividad, pues el hecho de estar asintomático no garantiza que no exista un problema grave latente en el corazón.

Otros síntomas que deben despertar la alarma de los padres incluyen dolor de cabeza, mareos, náuseas, dolor torácico durante el juego, sensación de no poder respirar, palidez o coloración azulada (cianosis), así como un bajo rendimiento deportivo o un crecimiento inadecuado de peso y talla [10:16].

El especialista también señaló un problema creciente en la salud cardiovascular infantil ligado a la cultura alimentaria: el consumo excesivo de harinas, azúcares y almidones. Esta dieta está generando un aumento dramático en la resistencia a la insulina, el sobrepeso, la hipertensión y los altos niveles de colesterol y triglicéridos en edades tempranas, problemas que antes eran exclusivos de los adultos [18:04].

Para contrarrestar estas amenazas, el Dr. Prieto compartió su «Fórmula para la Salud», basada en tres pilares: una alimentación variada (proteína, vegetales, frutas y agua), deporte con movimiento de piernas y exposición solar (para combatir la alarmante deficiencia de vitamina D en niños) y, finalmente, un descanso adecuado (acostarse y dormir temprano con las luces apagadas para asegurar el correcto funcionamiento hormonal) [19:31].

El mensaje final del Dr. Prieto es un llamado a la corresponsabilidad de todos los pediatras, instándolos a evaluar siempre la esfera cardiovascular, incluyendo la toma de tensión arterial. El objetivo es que no se descubra una malformación cardíaca grave y operable, que afecta a uno de cada 100 nacidos vivos [06:57], solo por casualidad durante una evaluación preoperatoria para una cirugía simple [22:55].

Puedes contactar al Dr. Fernando Prieto en redes sociales como @cardio_petbal y @Fernando_Prieto1.

 

 

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